1. LA EJECUTORA (¿Qué cierran los números?)

La Señora alzó la vista unos instantes después de oír que la puerta se cerraba, mientras el hombre avanzaba hacia ella.  
En ese preciso momento se preguntó por qué había autorizado a su Secretaria de Altos Mandos que dejara pasar a su “estancia”, como displicentemente  llamaba a su inmenso despacho, al Generalísimo Gerente General, o como ella abreviaba  “Gegegé”, de la Corporación de la cual era la única, absoluta propietaria.
 

Y no era difícil de entender su contrariedad: para atenderlo había interrumpido la comunicación  que mantenía con Susy  Lumpen de Chorrón.  Susy  proveía a la Señora del entretenimiento que le justificaba vivir cada uno de sus días: el “chico de la noche”,  con quien “jugaría” hasta el amanecer.  

Sin embargo,  Gegegé  tenía algo impostergable que consultar a la Señora y que -según él le había anticipado- de la respuesta que diera, dependía la imagen de ella. Aquella imagen que seguirían divulgando las tapas, las fotos y los reportajes de  “Necedades”, “Cholulando” y “Figurón”, las revistas más vendidas en todo el país (y en cuyo capital, por supuesto, la Señora también tenía su parte).  
- Sea rápido y claro.  
¿De qué otra manera podía ella atender a un subalterno, aunque gastara en él un millón y medio anuales?  
Gegegé no palideció demasiado: estaba acostumbrado al trato “un poco especial”  de la Señora y, además, íntimamente, estaba seguro de que podía “manejarla”.  
- La planta de la localidad de Pobrerrata, que emplea a casi todo el pueblo, unas trescientas veinte familias, no rinde lo esperado: obtenemos un veinte por ciento anual cuando las colocaciones en las Islas Guayquirirí dan tres millonésimas de punto más.  
La Señora se distendió en su sillón. El problema que le planteaba Gegegé era mucho menos grave de lo que él le había insinuado al pedirle audiencia; sabía que situaciones como ésas tenían fácil solución.  
- ¿Qué intentaron hacer para no perder la diferencia?  
- De todo, salvo una alternativa. Con las estrategias adoptadas hasta ahora, los números no cierran.  
- ¡Ciérrelos!
- ¿Cerrando la planta?  
La Señora se levantó bruscamente:  
- A veces usted me exaspera. Sabe qué debe hacer y no lo hace...  
Antes de que la Señora avanzara en su demolición, Gegegé inclinó su cabeza en señal de saludo y se retiró rápidamente de la “estancia”.  
La Señora retomó la comunicación con Susy, mientras volvía a acomodarse en el sillón:  

- Cheridita, seguí comentándome sobre el boy de esta noche... Perdoná la interrupción pero un idiota que mantengo acaba de distraerme para consultar si podía dejar en la vía a unas cuantas familias que me están haciendo perder plata.
 

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