2. EL EJECUTOR (Joven profesional)

Entonces, el hombre me dijo:
-Su perfil responde exactamente a lo que nuestro Grupo empresario necesita. La edad justa, veintisiete años; los estudios adecuados: graduado universitario y con un postgrado en Hardbefor; los exámenes psicológicos lo señalan como ambicioso, agresivo, quizás con una pequeña dosis de crueldad y de cinismo y carente de afectividad... pero eso no importa y quizás -y aquí el hombre sonrió por primera vez- ¡ayude!. Hasta su vestimenta, en esos tonos negros y topos, ha sido un detalle que nos ha impresionado favorablemente. Por último, sus desempeños anteriores en las multinacionales Eqüise, Yegrega y Zzetta, a las cuales hemos solicitado referencias directas, como es nuestra costumbre, constituyen elementos definitivos para considerarlo el postulante más “empático”, por así decir, con el puesto que seguramente habrá de desempeñar brillantemente.
Aquí el señor se interrumpió. Enfundado en su elegante Ralph Pathan gris perla se incorporó de uno de los sillones Italo Vivanqui donde cómodamente nos hallábamos sentados para  acercar a la mesa baja mi whisky predilecto Yesmonkeys que vertió en las copas talladas de cristal Warsä, inconfundible. Luego, prosiguió:
-¿Qué se le ocurre preguntarme después de haber pasado por tantas entrevistas y testeos y hallarse, por fin, ante el Generalísimo Gerente General  de esta Corporación?
Yo no dudé:
-¿En qué consiste exactamente el puesto y cuál es la remuneración anual cash-cash?
Nuevamente, el hombre sonrió:

-Cada vez estoy más convencido de que su perfil encaja “a medida” en los requerimientos del puesto vacante. Y bien, su primer trabajo con nosotros será reestructurar totalmente una planta industrial de cuatrocientos cincuenta obreros y ciento treinta empleados administrativos. Un año es el plazo máximo para cumplir la tarea; tendrá que instalarse en la localidad de Pobrerrata, distante una media hora de la capital de la provincia fronteriza de Altiplanopla.

Quizás me apuré un poco (soy impaciente y todo lo quiero “ya”):
-¿Cuántos tienen que quedar o, si prefiere, cuántas cabezas tienen que rodar?
Sonrió nuevamente (yo era más agresivo que lo que él esperaba).
-Con la tecnología de punta que acabamos de importar, nos es suficiente con mantener no más de veinte operarios y no más de cinco administrativos.

El señor levantó su Warsä y bebió un sorbo. Luego, continuó:

- ¿Qué le parece
? ¿Está dentro de sus expectativas la tarea que desarrollará con nosotros?
Yo sabía que no debía exteriorizar ninguna emoción (aunque mi alegría era desbordante) de modo que secamente, pero con voz susurrante, como tantas veces lo había hecho con éxito, insistí:
-¿Y la retribución?
-Bien, amigo, aquí va: quinientos mil anuales en la mano; además, un cero kilómetro con todos sus gastos pagos, renovable cada trece meses, y dos pasajes para un viajecito intercontinental a medida que vaya concluyendo etapas de ciento cincuenta obreros y cuarenta administrativos.

Si bien no me preocupaba  mucho, hice la consabida pregunta:
-¿Qué proyección de trabajo me ofrece la Corporación?
Sonrió por última vez antes de que nos levantáramos de los
Italo Vivanqui y me despidiera con un fraternal  abrazo, embriagándome con la exclusiva y carísima loción OE-deur:

-El Grupo posee otras seis plantas industriales diseminadas en el país. Y, poco más, poco menos, todas ellas necesitan ser reestructuradas.
 

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