3. LOS EJECUTADOS (Caníbal)

Nosotros sabíamos que cuando lo nombraron al Lic. H. O. Ribley al frente de la planta industrial, nuestros días de vida laboral estaban sentenciados a muerte. Y no sería una muerte inmediata... Ribley era demasiado cruel para permitir que sufriéramos poco.
La historia de H. O. Ribley corría por los pasillos en voz muy baja: nada agradable se podía contar de este hombre de treinta años.
El Lic. Matt Tuffiero, que había sido su compañero de estudios primarios y secundarios en Londres, una pequeña población del estado de Dirtymoney en el país del norte, nos relató que H. O. Ribley siempre había sido un chico uraño, esquizo y con tendencias sádicas. Sin embargo, en Londres-Dirtymoney, Ribley encontró dos amigos a su medida, hijos ambos de multibillonarios, que formaron lo que el pueblo llamó “la maldita cofradía”. Ribley era el líder de la cofradía, no sólo por ser el hijo de un multitrillonario sino también por tener, indudablemente, condiciones para ello.
El conocimiento del Lic. Tuffiero acerca de Ribley llegaba hasta sus dieciocho años, cuando una horrenda tragedia sacudió a Londres-Dirtymoney: Ribley y sus dos cofrades habían decidido cruzar de punta a punta el azaroso Océano Perfídico, en una lancha equipada con lo necesario para una travesía de ocho días, tiempo récord en el que la soberbia de los improvisados tripulantes pensaba lograr el objetivo. Todos los preparativos se ultimaron secretamente y sus padres (en el sentido literal del término ya que sus madres, divorciadas, vivían en París-Francia, Viena-Austria y Roma-Italia) se enteraron de la partida por una comunicación que enviaron desde la costa antes de embarcar. Si bien Londres-Dirtymoney se conmocionó con la noticia y los padres de los cofrades llamaron de inmediato al Presidente de los Estados, exigiéndole la búsqueda de la embarcación, y si bien el Presidente de los Estados ordenó que todos los medios se abocaran a satisfacer con prontitud el pedido de ciudadanos tan prominentes, recién se pudo localizar la lancha a los cuarenta días de la partida; en ella, desmayado, el único sobreviviente era H. O. Ribley y de sus dos compañeros, yacían los cadáveres horriblemente mutilados (estudios forenses posteriores dieron a luz que los brazos y muslos de los extintos cofrades habían sido salvajemente destrozados a mordiscones).

-Desconozco qué pasó luego con Ribley -terminó su relato el Lic. Tuffiero- pues yo me trasladé a Londres-Inglaterra para seguir mis estudios terciarios y mi postgrado en la Universidad de Cantenburrys. De su trayectoria en esta Corporación sólo sé que llegó para reestructurar una planta industrial en la localidad de Pobrerrata, a la cual creíamos que la iban a cerrar pues no rendía lo esperado, pero a último momento el Generalísimo Gerente General decidió mantenerla con una cantidad homeopática de operarios y administrativos. Ribley logró que en menos de seis meses, quinientas personas quedaran en las calles de Pobrerrata, peleando con los roedores por un mendrugo de pan. Meteóricamente, H. O. fue escalando posiciones, a medida que iba reestructurando otras cuatro plantas industriales de la Corporación, hasta que en la última le dieron la oportunidad de ser colocado a su frente como Top Manager. A los pocos días de estar en ese cargo, un traspié financiero de su autoría hizo perder a la Corporación un billón y medio, lo que le valió el traslado a esta planta industrial, la última que posee el Grupo sin reestructurar. Creo que H. O. Ribley está próximo a cruzar definitivamente el umbral de la salida.

Ya transcurrieron diez meses desde que Ribley llegó a la planta.
-- A mí me ofreció el traslado a un pueblito en el antártico sur del país donde la Corporación posee una embotelladora de agua que descongela. A pesar de que le expuse que mis padres, ya ancianos, necesitan de mi ayuda permanente en esta ciudad y de que mi esposa tiene un puesto muy bien remunerado que con el traslado perdería, no me dio otra alternativa. Después de analizarlo con mi familia, no acepté el ofrecimiento. Dentro de tres semanas me pagan la indemnización y me quedo sin trabajo.
-- A mí me dijo que defecaba sobre mi experiencia y mi antigüedad de cuarenta años en la Corporación y que si yo no podía obtener el retiro jubilatorio por faltarme cinco años para la edad mínima fijada por la Nueva Ley de Beneficios al Empresario, él no podía hacer nada para cambiarla. Dentro de dos meses me pagan la indemnización y me quedo sin trabajo.

-- A mí me insinuó que como soy joven no tengo que preocuparme, que “algo” voy a conseguir. Y como soy joven, me ha elegido para que sea el primero en retirarme. Mañana me pagan la indemnización y me quedo sin trabajo.
-- A mí me aseguró que me reubicaba como Secretaria Polilingüe del Director de Importaciones. No sé por qué me propuso para ese puesto, ya que es imprescindible dominar además de inglés, francés y alemán, los idiomas coreano, chino y japonés y yo sólo hablo y escribo en castellano. Por las dudas, le he pedido que me adelante qué indemnización obtendría si me retiro de la empresa.

Sabemos que el Generalísimo Gerente General le ha comunicado a H. O. Ribley que a partir de fin de mes queda “desvinculado” de la Corporación, que el Comité de Altos Mandos ha aprobado pagarle la abultada indemnización que solicitó y que...

En este momento llega el Mucamo de Despachos con el almuerzo de Ribley: dos muslitos de pollo al vapor  y una roja, rojísima, gelatina de cerezas.
  

verdugos y víctimas   anterior   siguiente

 

sponsors this gallery
auspicia esta galería

Copyright © 1999-2004 Eddie Jörgendorf & Orlando Moure - All Rights Reserved