4. AVISO PARA LA TERCERA EDAD (Horacio)

-Me llamo Lolita. ¿Puede esperar un momento? Siéntese que ya lo va a atender la señorita Yvonne Gianette Pérez.  
La Lolita del mostrador de recepción me señaló una de las sillas con la punta del lápiz que manejaban las largas uñas pintadas de azul de los dedos índice y pulgar de su mano izquierda, mientras que con su derecha, seguía manipulando el teclado de la PC tan rápidamente como le permitían las decenas de anillos baratos que cubrían, como un guante de gladiador, sus cortos dedos.  
¿Por qué no llevaba anillos en los dedos de la mano izquierda?. ¿Por qué me parecían más largos los dedos de la mano izquierda que los de la derecha?
Preguntas como éstas, me hacía mientras esperaba sentado en la antesala de la Secretaría de Mandos Primarios, que me atendiera la señorita Pérez.  
Ahora, Lolita había reemplazado el lápiz direccionador por un minicelular y hablaba en forma inaudible con alguien a quien parecía tener cariño; los dedos de su mano derecha seguían manipulando el teclado.  
De pronto -quizás, no tan pronto- se abrió una puerta y apareció una rubia descolorida vestida íntegramente de negro que me miró escrutadoramente.
-¿Señorita Pérez?- pregunté yo y caminé hacia ella.  
-Llámame Yvonne, Horacio. Pasa y toma asiento.  
Y me hizo pasar a su privado: una mesa, dos sillas, abundante luz dicroica, un cuadro impersonal. Cerró la puerta y nos sentamos.  

Aún me duraba la turbación que me había producido que “Yvonne”, que no aparentaba tener más de dieciocho años, tratara de “Horacio” y tuteara, de entrada, a un tipo como yo, de sesenta y dos.  

-Horacio, distiéndete, así la conversación es más flu...  
Era evidente que si seguía sonrojándome, pronto iba a terminar morado.  
-Sí, de acuerdo-. Mi contestación fue tan audible como la conversación telefónica de Lolita.  
-Bien, he leído tu carta de postulación y todos tus antecedentes. Muy interesantes. No has pasado por muchos lugares, ya van casi dos años que estás desempleado... pero has hecho cosas muy interesantes. ¡Y lo más interesante es que aún tienes ganas de hacer!  
Al decir esto último, me miró fijamente  con una sonrisa en sus pálidos labios.  
-Sí... por eso contesté al aviso.  

-Bien... ¡qué interesante! ¿Qué te gustaría hacer, Horacio? ¿Tienes idea del puesto que necesitamos cubrir?  

-Sí, creo que sí. El aviso pedía un señor, no menor de cincuenta y cinco años ni mayor de sesenta y cinco: yo tengo un poquito más del promedio; con amplia experiencia laboral: yo trabajé cuarenta años en una Corporación hasta que me desvincularon al reestructurar mi Sector. El aviso también pedía  dominio de idiomas: yo hablo bien en inglés y me defiendo con italiano y francés; movilidad propia: tengo bicicleta; cobertura médica: soy afiliado a la prepaga “Santa Cruz” del Dr. Cura...
-Horacio... me estás repitiendo lo que pedía el aviso y lo que ya has respondido en tu carta.  
La interrupción de Yvonne me dejó descolocado, por lo que sólo atiné a decir:  
-Sí.  
-Bien, Horacio. El puesto de trabajo vacante es muy, muy interesante. Implica interrelacionarse con personas de distintas edades y diferentes nacionalidades a quienes, por sobre todo, hay que tratar con calidez, con cordialidad, con alegría y con mucho amor. ¿No es interesante?  
-Sí -respondí,  pero aún no sabía en qué consistía el trabajo.  
-Horacio, quien cubra el puesto vacante tendrá asegurado un entretenimiento constante  durante catorce horas diarias todos los días del mes y todos los meses del año, eso sí, con descansos obligatorios -enfatizó “obligatorios”-. Cada veinte días de trabajo, un día franco; cada doce meses de trabajo, siete días libres corridos -enfatizó “corridos”-. ¿No te parece interesante?  
-Yvonne, me parece muy interesante pero ¿qué tendría que hacer?  

-Horacio, ¡es un puesto tan lindo!. Bien... la Corporación posee el Súpermega-Hipermercado “Shopping Plus” en el barrio Pilares del Borrego, donde residen casi todos los embajadores del Primer Mundo y unos pocos del Segundo. Allí, el poder adquisitivo de la gente es top, top, top. Al llegar a “Shopping Plus”, la gente necesita que alguien le abra la puerta del carro y le limpie el parabrisas, que entretenga a sus hijitos mientras pone o saca algo del baúl, que le acerque al libre parking las bolsitas de sus compras, que a veces son pesaditas; que  ayude a las abuelitas y a los abuelitos a subir y a bajar el escalón de acceso; en fin, que alguien salude  a los que entran y a los que salen con una brillante sonrisa... ¡y tu dentadura, Horacio, es magnífica! A veces, la gente consulta dónde están los baños, el centro de comidas...  

La sola mención de “comida” fustigó en mí la pregunta:  
-¿Cuándo podría comer?  
-No te preocupes por eso. Cada seis horas se acercaría un boy a la entrada de “Shopping Plus” para entregarte una gaseosa y una hamburguesa...  absolutamente  -enfatizó “absolutamente”- a cargo de “Shopping Plus”. ¿No te parece interesante, no es realmente interesante?.  
-Yvonne, parece interesante pero hay algo que yo no sé...  
-¿Sí...?  
El “sí” de Yvonne quedó flotando en el aire.
-¿Cuánto me pagarían?- No sé por qué, pero volví a sonrojarme como al principio.
-Horacio, tu sabes muy bien -enfatizó “muy bien”- que la gente que vive en el barrio Pilares del Borrego tiene y gana mucho dinero... ¿Podrías imaginarte en propinas -enfatizó “propinas”- lo que recibirías diariamente? Además, “Shopping Plus” te regala, para que uses como ropa de trabajo, un jardinero a rayas azules, rojas y amarillas, dos camisas labradoras, dos pares de calcetines a cuadros celestes y verdes y un par de zapatos símil goma, dos veces por año... ¡no gastarías tu propia ropa! Horacio, esto no es todo... La Corporación obviamente retribuye a sus empleados y tú serías un empleado de la Corporación, un compañero mío. ¿No es...?
-Yvonne -me animé a interrumpir- es muy interesante, pero ¿cuánto me pagaría la Corporación?  
-Sin contar el valor de las gaseosas, de las hamburguesas y del vestuario...  
-Acepto –volví a interrumpir antes de que se arrepintiera.  
-Horacio ¡ya  eres de los nuestros!... Mejor dicho, lo serás. Aquí tengo, para darte -y me entregó un papel totalmente escrito- el cronograma de las entrevistas que siguen, sólo ocho, además del test psicotécnico, del test de salud resistencial y de la última y definitoria charla con nuestra Jefa de Mandos Primarios, la Licenciada Bette Duhell.  Por mi parte, la entrevista ha concluido y cuenta, desde ya, con mi  enorme  -enfatizó “enorme”-  okay.  
Se incorporó, yo también, y mientras me abría la puerta para despedirme (“otro despido más en mi inventario”, pensé) me sonrió y dijo, con tono levemente imperativo:  
-Besito.  
Acercó su mejilla a la mía y besó no sé a quién.  

Al regresar por la antesala de la Secretaría de Mandos Primarios, Lolita direccionó con las uñas de los dedos índice y pulgar de la mano izquierda, la punta del lápiz hacia la puerta del ascensor. Cerca de ella había otra puerta con un cartel que decía “EXIT” ; alguien había garabateado, a continuación de esa palabra, una “O”.
  

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